En los últimos años, entre las corporaciones en América Latina ha empezado una transición de largo alcance en materia de sostenibilidad que está creando progresivamente economías más justas e inclusivas.

América Latina soporta una gran parte del cambio climático: en efecto, sufre fenómenos naturales extremos, desde los huracanes en el Caribe a El Niño en las costas del Pacífico, así como el aumento del nivel del mar y el empeoramiento de la calidad del aire.

Pero también es una región en la que se pueden lograr enormes progresos en otros indicadores de sostenibilidad, como la calidad de vida de las comunidades rurales, la igualdad entre los géneros y la participación de las comunidades indígenas y otras minorías en la actividad económica.

En años recientes un creciente número de empresas en toda América Latina han comenzado a atender estos asuntos. En consecuencia, cada vez más compañías en todas las industrias empiezan a adoptar las mejores prácticas medioambientales, sociales y de gobierno corporativo (ESG, por sus siglas en inglés). En relación con esta adopción, el IndexAmericas[1], creado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), lista las cien empresas más sostenibles de América Latina, de acuerdo con criterios ambientales, sociales y de gobierno corporativo, así como con el desempeño en áreas como igualdad de género y diversidad. Desde su creación, la mayoría de las empresas incluidas en este Índice son multinacionales extranjeras, pero en los últimos tres años el número de compañías latinoamericanas ha aumentado casi 30%, una demostración de que los asuntos de sostenibilidad empresarial están ganando fuerza en la región.

Otro ejemplo de esta creciente tendencia se puede encontrar en el Índice Dow Jones de Sostenibilidad del Mercado Integrado Latinoamericano-Alianza del Pacífico. Este índice evalúa a las empresas de Chile, Colombia, México y Perú que cumplen mejor ciertos objetivos de sostenibilidad que la mayoría de sus pares en sus industrias. Cuando se creó en 2017, solo 42[2] empresas cumplían estos criterios. Hoy ese número ha aumentado a 116[3].

La sostenibilidad es también hoy un asunto cada vez más importante para los inversionistas de América Latina: como en ninguna otra parte en el mundo, son ellos quienes más exigen que las empresas adopten prácticas sociales y medioambientales, de acuerdo con un estudio de Natixis[4]. Sus exigencias se basan en la creencia de que tales prácticas pueden ayudarlos a mejorar sus retornos ajustados al riesgo, así como a alinear sus activos con los valores organizacionales.

Cuando conversamos con nuestros socios en América Latina, nos encontramos con que incorporar las prácticas ESG no es una moda. Tanto empresas como inversionistas buscan alcanzar el triple resultado de éxito social, medioambiental y financiero, y esta tendencia cobra impulso.

NO BASTA CON CAMBIARSE A ENERGÍAS LIMPIAS

Cambiarse a las energías renovables, especialmente en una región con abundante energía solar y eólica como América Latina, es una opción para las empresas que buscan reducir su huella medioambiental. Gracias en gran medida a los esfuerzos gubernamentales para incrementar el uso de las energías renovables, la región ha experimentado sólidos progresos hacia el cumplimiento de los compromisos del Acuerdo de París.

Pero “ser verde” no es igual a ser sostenible. La sostenibilidad es el resultado de tres variables: medioambiental, social y financiera; si una corporación sólo adopta la energía renovable sin atender otros asuntos más amplios, está perdiendo una oportunidad.

Las empresas en América Latina quieren asegurarse de adoptar una solución a largo plazo que no solo les garantice electricidad limpia sin obstaculizar el acceso de otros a los recursos, sino que les permita actuar a favor del bien común. Como resultado, un creciente número de empresas no solo comienzan a explorar las posibilidades de los contratos de compra de energía renovable, sino que comienzan a hacer preguntas tales como cuál es la procedencia de los fondos de los proyectos de energía, cómo está estructurada su fuerza laboral y cómo son las relaciones entre la empresa que desarrolla el proyecto y las comunidades locales.

EL ENFOQUE DE ATLAS

Nuestra experiencia nos ha enseñado que de la sostenibilidad no se obtienen ganancias rápidas. Por eso en Atlas hemos dedicado grandes cantidades de recursos a las prácticas ESG, porque creemos que la verdadera sostenibilidad resulta de las inversiones estratégicas de largo plazo.

La sostenibilidad social es un asunto crucial para Atlas. Cuando trabajamos con las comunidades, nos concentramos en promover el bienestar local. Creemos que relacionarnos con una comunidad no consiste solo en donar campos de fútbol o en distribuir uniformes escolares; es también estar conscientes de que los activos que instalamos serán parte de la comunidad por treinta años y que, si se administran correctamente, pueden ser una oportunidad para crear empleos y generar ingresos. Tomamos en cuenta todo lo que implica generar energía, y nos reconforta saber que nuestra presencia estimula la economía local.

Un ejemplo es el contrato de energía firmado en Brasil en junio de 2020 entre Atlas Renewable Energy y la corporación química Dow. La energía que se proveerá equivaldrá a las necesidades energéticas de una ciudad de 750.000 habitantes, y evitará la emisión de cerca de 35.000 toneladas métricas de CO2 al año. El proyecto incluye un compromiso de inclusión de género y creación de empleos rurales, en el que se capacitará a mujeres de la comunidad de manera que puedan acceder a los empleos ofrecidos por el proyecto. El objetivo es que durante la construcción del proyecto contratemos tres o cuatro veces más mujeres que lo habitual en este tipo de desarrollos; además se espera que 70% de la fuerza laboral provenga de las comunidades locales.

Por otro lado, en nuestra planta Guajiro, en México, nos hemos asociado con The Pale Blue Dot, una organización educativa mexicana que promueve el uso de la tecnología en escuelas y centros comunitarios; el objetivo es proveer acceso a internet y aulas digitales a más de 400 estudiantes de las comunidades locales.

La sostenibilidad financiera es también un elemento clave de la manera en la que hacemos negocios. Trabajamos con socios de la importancia del Fondo de Tecnologías Limpias del Banco Mundial y el Fondo de Inversiones del Banco Interamericano de Desarrollo. Además, siempre que sea posible, buscamos tasas de interés favorables, al vincular el financiamiento a nuestro desempeño medioambiental y social.

Ser sostenible es también mitigar los riesgos del proyecto, desde asegurarnos de la transparencia de nuestra cadena de suministro hasta diseñar proyectos rentables que reciban el apoyo de las comunidades en las que operamos. Esto nos permite ayudar a nuestros socios a alcanzar sus objetivos de sostenibilidad, con los beneficios medioambientales, sociales y financieros que requieren.


[1]https://indexamericas.iadb.org/en/Aboutus
[2]http://worldofficeforum.com/wp-content/uploads/2017/11/dow-jones-sustainability-index-mila-constituents.pdf
[3]https://www.spglobal.com/spdji/en/idsenhancedfactsheet/file.pdf?calcFrequency=M&force_download=true&hostIdentifier=48190c8c-42c4-46af-8d1a-0cd5db894797&indexId=91920628
[4]https://www.im.natixis.com/latam/research/latin-america-has-the-greatest-global-demand-for-esg-investments

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