Los proyectos de energías renovables son fundamentales en la transición energética. Su correcto desarrollo requiere la aplicación de criterios ESG, una socialización temprana y la licencia social de las comunidades donde operan.

Cada día las personas son más conscientes de la necesidad de reemplazar los combustibles fósiles como fuente de energía principal y del papel de las energías renovables en la matriz energética del futuro.

En países como España, por ejemplo, el 79% de las personas están a favor de las energías renovables como el eje principal de la lucha contra el cambio climático.

De hecho, este país cuenta con una gran penetración de estas fuentes renovables: durante el 2023 generaron la mitad de toda la energía consumida

Además, se prevé que en los próximos años se realicen cientos de proyectos eólicos y solares fotovoltaicos. Un escenario no muy distinto al latinomericano, en donde se pronostica un incremento de  más del 460% de la capacidad eólica y solar gracias a nuevos proyectos.

Para que los proyectos energéticos puedan desarrollarse con éxito, es clave que en su planificación y ejecución participen las comunidades cercanas a su área de influencia. Es la manera de que las empresas generadoras obtengan una “licencia social” para operar.

Adquisición de la licencia social en proyectos de renovables

“Hoy uno de los grandes desafíos es que la ciudadanía está cada vez más interesada en los temas ambientales; está más informada y cuenta con más herramientas”, sostiene Javier Palacios, director ESG de Atlas Renewable Energy en Chile.

Esta nueva forma de pensar de las comunidades ha obligado a compañías como Atlas Renewable Energy a desarrollar cada vez más procesos de relación y acción centrados en el bienestar de las comunidades y del territorio donde se ubicarán los proyectos de energías renovables. Todos los procesos se llevan a cabo según los estándares ESG.

El primer paso para alcanzar la licencia social es trabajar de forma temprana con las comunidades. Este acercamiento inicial crea un clima de confianza y permite entender en profundidad las comunidades y sus dinámicas. Como lo expresa Palacios, las compañías que llegan se convierten en los “nuevos vecinos”. 

El diseño de las centrales de energías renovables suele demorar entre tres a cuatro años, más dos años de construcción. Una vez en marcha, las plantas operan por 30 o 35 años. “Si tú desde etapas tempranas no tienes una buena relación con la comunidad, probablemente vas a tener dificultades para acceder al área del proyecto. Y eso va a repercutir en que no vas a poder desarrollar los estudios ambientales, ni los de ingeniería. Son cuestiones que están entrelazadas”, observa Palacios. 

Una mala relación con las comunidades ocasiona demoras en la construcción del proyecto, que pueden hacer incumplir los términos del suministro de energía a los clientes o las metas financieras.

Si bien este razonamiento parece evidente, las buenas prácticas a veces no se llevan a cabo. De acuerdo con un reciente catastro del Sistema de Evaluación Ambiental (SEA) de Chile, hay 62 proyectos judicializados por las comunidades (el 26% corresponden a proyectos de energía).

Las denuncias se hacen tanto porque los proyectos deterioran las condiciones de vida, como porque no respetan las buenas prácticas ecológicas durante la construcción (una etapa en la que los proyectos causan el mayor impacto sobre el medioambiente), o la operación, (ya sea por el incumplimiento de promesas de reforestación o compensaciones de suelo, por la emisión de ruidos molestos, o por la emisión de material particulado).

“No todas las compañías están dispuestas a invertir en asuntos sociales o comunitarios desde las etapas tempranas. Atlas sí”, remarca el director ESG de Atlas Renewable Energy en Chile.

Programas que apuntan al fomento productivo

Adquirir la licencia social es solo el inicio del trabajo directo que Atlas realiza con la ciudadanía. El trabajo común entre comunidad y empresa se extiende desde la socialización del proyecto hasta la creación de programas que mejoren el desarrollo de la comunidad en educación, infraestructura u oportunidades laborales.

Así, en México y Brasil, Atlas diseñó el programa «Somos parte de la misma energía”, cuyo objetivo es ampliar las oportunidades de empleo de las mujeres de la comunidad en la planta de energía renovable.

Con capacitaciones en áreas como montaje de módulos, gestión de permisos, coordinación de logística, operación de maquinaria y supervisión de calidad, salud, y seguridad y medioambiente, se demostró que la licencia social solo es el inicio de un trabajo mancomunado que hace sostenible y provechoso el desarrollo del proyecto.

Este proyecto fue replicado en Chile en 2020 durante la construcción de la planta solar Sol del Desierto, de 230 MW, en la comuna de María Elena, Antofagasta. Allí se contrataron a 95 mujeres que representaban el 14% de la fuerza laboral, y se las promovió para que ocuparan posiciones técnicas y de liderazgo.

Otro caso es en la isla grande de Chiloé, donde Atlas Renewable Energy instalará el Parque Eólico Altos de Tablaruca. En una comunidad de la isla, se instalaron luminarias solares que mejoraron la calidad de vida de las personas y la percepción de seguridad en la zona.

Otro sector en el que Atlas ha trabajado con la comunidad es la educación: en colaboración con The Pale Blue Dot (una organización mexicana que promueve proyectos educativos) se ejecutó un programa de aulas digitales en ocho escuelas y se construyó una biblioteca pública.

“Este tipo de proyectos tienen una visión de largo plazo. No se trata de ejecutar un proyecto específico, sino de formar alianzas a largo plazo válidas durante sus fases de construcción y operación”, enfatiza el director ESG de Atlas Renewable Energy en Chile.

Beneficios para el comprador de la energía

Esta relación ‘ganar-ganar’ que se construye con las comunidades termina por tener un impacto positivo sobre el cliente final: el  comprador de energía.

El beneficio para el comprador es doble, independientemente del incentivo de consumir energía limpia. Primero, porque el proyecto, al adquirir la licencia social y tener una buena relación con las comunidades, puede avanzar de manera más ágil en su construcción y cumplir la promesa de suministrar energía. Segundo, por la mejora de la imagen corporativa.

El hecho de que una compañía que vende energía sea social y medioambientalmente respetuosa mejora la reputación corporativa de quienes compran la energía limpia. 

“Si hay empresas que tienen buenas prácticas y buenos estándares, y trabajan con las comunidades desde las etapas tempranas y durante toda la fase de desarrollo y construcción de los proyectos, creo que, sin duda, eso es un plus para los compradores de energía, que van a preferir comprar energía a ese tipo de empresas”, concluye Palacios.

Conclusión

Las energías renovables lideran la transición energética y son la clave para abandonar paulatinamente los combustibles fósiles. En los últimos años, el número de proyectos de energías renovables ha crecido exponencialmente en todo el mundo y se prevé que continúe así en el futuro.

Las compañías generadoras de energía renovable deben crear relaciones de confianza y trabajo con las comunidades cercanas a sus proyectos. Para ello deben relacionarse con las comunidades en las primeras fases de los proyectos e invertir en iniciativas que fomenten el desarrollo. 

Todo esto permitirá adquirir la licencia social, mejorar las condiciones de las personas y del medioambiente y hacer los proyectos sostenibles a largo plazo.

En alianza con Castleberry Media, tenemos el compromiso de cuidar nuestro planeta; por eso, este contenido es responsable con el medio ambiente.

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